Haciendo bien tu trabajo …

Nadie puede negar la voluntad de trabajo de muchísimos venezolanos, el problema es que muchísimas veces (me incluyo) no lo sabemos hacer correctamente, lo cual explica la gran mayoría de los problemas que como país nos acontecen, desde el productivo y competitivo hasta el político-ideológico.

La necesidad es mala consejera, sobre todo cuando se trata de hacer algún trabajo “por la chamba y por los dineritos que me entrarán al hacerlo”, si en la fórmula no se incluye la mística necesaria para no solamente hacer bien nuestro trabajo, sino disfrutarlo, estaremos no solamente perdiendo nuestro tiempo, sino que, si seguimos pensando de manera egoísta, de dejar de hacer perder el tiempo (y un sinfín de cosas más, incluso la vida) a los demás.

Llegando bien a tu destino

Una de las cosas que más cuesta explicar es la labor de taxista en Venezuela, por cosas como la crisis, no solamente veras profesionales tras el volante (y hasta el ex-dueño de una constructora de casas a la que el gobierno jamás le pagó y se declaró en bancarrota), sino que verás gente haciendo la labor únicamente por la necesidad y sin la mística y dedicación necesaria para realizar el trabajo.

Siempre tengo anécdotas encontradas y divergentes acerca de los taxistas, desde el señor mayor que, con un carrito destartalado me llevó desde el Aeropuerto de Barcelona a mi destino y de paso, me esperó a que cenara en una arepera (donde también le brindé la cena y hablamos de su vida, de su anciana esposa muy enferma, lo que lo había llevado a dedicarse a ser taxista, del cómo los “taxistas oficiales” de la línea del aeropuerto no “le daban chance de trabajar” lo ninguneaban y lo relegaban a un rincón bastante alejado del andén principal, etc); pasando por el “taxi pirata” enfrente del C.C. Sambil que me dijo con actitud retrechera “son 150 Bolívares, si quieres no te montas, yo no llevo a nadie de gratis”, al señor de la línea del terminal de la Bandera en Caracas que me pidió permiso para meterse por “unos caminos verdes” para llegar más rápido, valorando así mi tiempo, hasta aquel que te hace perder el tiempo en una cola porque no se quiere desviar, las cosas son tan variopintas y anecdóticas como pudiera imaginarse.

Recordé todo esto hace unos días, tomé un taxi en el centro de Barquisimeto y el hombre, al ver que yo iba hacia el oeste, en vez de tomar la Ribereña, o bueno, tal vez no “desviarse” tanto, tomar la 14 ó la 16; el hombre como si nada permanece inmóvil (y con una cara de obstinación y stress que no se le puede poner peor) en una grandísima cola en la carrera 18 (para el que no lo sabe, el Barquisimeto es poco asiduo de “desviarse” de su ruta, y todos aprendieron a bajar y a subir la ciudad por las mismas calles y carreras), en cada calle que pasábamos le recordaba la “existencia” de la 16, le dije “mire, si nos desviamos acá, salimos a la Escuela Costa Rica, pasamos detrás del ambulatorio y agarramos la carrera 13 frente al San Juan”, el hombre simplemente dijo “ujum”, y siguió aferrado a su volante y mirando la cola, al llegar a la 38 fue igual, “mire, si doblamos acá, podemos agarrar la 14 allá abajo y salimos al parque ayacucho”, el hombre me miró con cara de “¡no me fastidies!” y siguió con actitud de Juan Peña en “El Diente roto” de Pedro Emilio Coll, así fue en cada calle hasta la calle 48, donde dobló, me dejó en mi destino (luego de una hora y cuarto de cola) y al pagarle ni las gracias me dió, es decir, hace más de media hora que me hubiera dejado en mi destino e incluso hubiera tomado ya otra carrera; pero capaz llegará a su casa, cansado y obstinado, peleando con su mujer diciendo “¡coño!, ¡no agarré casi carreras y me mamé unas colas terribles y varios clientes intensos y fastidiosos!” y tratará de preguntarse (sin respuesta obviamente) por qué le va mal en su trabajo …

Tal como el taxista que me llevó de Maiquetía a un hotel en La Guaira y aunque viendo que estaba lloviendo y yo llegaba con más de 90 kilogramos en maletas desde Guatemala; el hombre, a pesar de haberme cobrado *casi* como un pasaje Caracas-Barquisimeto, fue incapaz de estacionarse dentro del Hotel, ayudar a bajar las maletas o siquiera prestarme un paraguas; ¿para qué se dedica a ser taxista si no desea tener la empatía, la mística y el buen trato hacia sus clientes y sólo nos ve como máquinas que le damos dinero para que él mueva un volante y pise un freno y un acelerador? …

Ubicando bien tu negocio

Me encontraba muy temprano en la mañana en el andén del Terminal de pasajeros de Guanare, me pega el hambre y llamo a una señora, que cava en mano, carga pastelitos y empanadas y pasea por todos los andenes del mismo; mientras echo la mirada al horizonte, veo en la cerca perimetral, que queda colindante a un barrio, una joven, con una mesa, una cava con empanadas, una sombrilla, sentada mirando su celular, me pregunté ¿qué diferencia hay entre esa joven y esta señora?, ambas venden empanadas, ambas deben pararse muy temprano a hacer las empanadas y ambas tienen una cava, la diferencia notable es que la joven se sienta enfrente de su casa (no hay muro que evite que ella pueda entrar al terminal de pasajeros) y la señora toma su cavita y pasea por todo el anden, es probable que la señora termine antes que la joven, también es probable que la joven finalice el día más descansada que la señora, ¿quien lo está haciendo bien? …

Como aquella persona que se dedica a vender aceites y lubricantes para motor simplemente poniendo una mesa y un letrero en la puerta de su casa (como si viviera en un lugar extremadamente concurrido lleno de talleres mecánicos y vehículos) , puede que te levantes muy temprano a trabajar, pero no te estás ubicando correctamente, no es lo mismo vender café en la emergencia de un hospital que vender café a la salida de un jardín de niños y escuela primaria (si, he visto ese caso); también es el caso de que se ha fomentado, con exacerbado ahínco, que una persona con una silla, una mesa, una sombrilla, un par de celulares y una cestita llena de caramelos de menta para dar cambio, es un empleado formal muy bien organizado.

Transito informal

Siempre he dicho (con el perdón de los funcionarios), que el trabajo peor ejecutado en Venezuela, es el de los fiscales de tránsito, tal vez son pocos los que “se portan mal”, pero como acá en Venezuela, las cosas que ocurren mal hacen más ruido que las buenas, pues es lo que más se ve y escucha.

Imaginen el caso, Avenida Lara esquina Avenida Bracamonte de Barquisimeto, corredor vial, esquina (y con semáforo), rayado de acera en rojo, zona bancaria (bancos Del Tesoro y Venezuela) y aún así, jamás verás allí un par de fiscales dirigiendo el tráfico y peor aún, verás muchos vehículos estacionados incluso frente a la zona bancaria, incluso si desearan “portarse mal” y *matraquear* a malos conductores, ¡ese sería un paraíso!, sin embargo, lo más que verás será en cualquier otra esquina, un par de conos y ellos parando taxistas pidiendo papeles y “pidiendo para el refresco”.

¿se imaginan cómo serían de transitables nuestras avenidas y calles si cada fiscal “hiciera su trabajo” y ya le hubieran revocado la licencia a más de un multi-infractor loco que anda por las calles?, ¿se imaginan lo práctica que sería Caracas si no cualquiera que tuviera plata, pudiera tener carro y tener licencia con sólo pagar 500 mil sin tener siquiera que hacer examen?, ¿cuanta informalidad más cabrá dentro del rol de fiscal de tránsito, hasta que nos demos cuenta que es gracias a ellos (y culpa de ellos) que sigan en las calles gente que le tranca el paso a una ambulancia, hace doble (y triple) fila en un cruce, se atraviese en la encrucijada luego de comerse el semáforo, o crean que las avenidas son para detenerse y echar cuentos con el motorizado de al lado?.

Política informalizada

En estos últimos quince años, al igual que los taxistas, hemos tenido la más variopinta clase de funcionarios detrás de los organismos, desde veterinarios como Ministros de Salud, hasta filósofos en carteras de economía, acá todo el que quiera “echarle bolas” en un cargo lo hace así no tenga ninguna experiencia en el mismo, ¿las consecuencias?, pues las estamos viviendo ahora.

No estoy en contra de una persona no graduada en algo para poder ejercerlo, pero una cosa sin ecuanón es que debe, “al menos” ser docto, mi amigo Hector Colina podrá ser historiador, pero es un experto del software libre mucho más erúdito que muchos ingenieros graduados de conozco; pero hay graduados en una carrera, que ni en su propia área la pueden ejercer bien.

No hay mejor ejemplo que CONAVI, la Comisión Nacional de la Vivienda, durante 15 meses el arquitecto “y poeta productor de cine” Farruco Sesto, fue su presidente, fue tan funesto su paso por allí que el presidente Hugo Chávez deshizo el organismo luego que su titular admitiera en cadena de radio y televisión que cuando llegó al mismo “no tenía idea alguna de lo que era hacer casas populares” y finalizó su paso en 2009 sin una sola urbanización inaugurada por este organismo, llevando a la “emergencia” que hoy es “La Gran Misión Vivienda Venezuela”.

Es que precisamente la mayoría de las misiones y grandes misiones salieron, de la incapacidad de los organismos titulares de hacer las cosas bien, de hacer su trabajo como es debido.

¿Acaso se necesitaría Misión Saber y Trabajo si los ministerios de comercio e Industria se dedicaran al fomento y creación de empresas con el fin de emplear a toda esa mano de obra desempleada?, ¿necesitaríamos una Misión “En amor mayor”, si el IVSS no fuera una maraña inexpugnable de burocracia e ineptitud?.

Es que la creación de una Misión (estructura informal, adscrita directamente a la presidencia de la república, con presupuesto propio y accionar directo desde el consejo de ministros) es una demostración tácita de que el organismo (y los funcionarios que lo rigen) no están haciendo el trabajo como es debido (o ni siquiera lo están haciendo bien) y es una llamada de alerta para la re-estructuración; pero, con 33 ministerios, varias decenas de vice-ministerios y más de 30 misiones, está más que demostrado que hay mucho político allí que no está haciendo bien su trabajo …

La libertad de no hacerlo

Hay 2 cosas por las que hago mi trabajo, la libertad plena de desenvolverme y por la posibilidad de disfrutarlo; si, como todo el mundo tengo mis carencias y mis necesidades, pero eso no significa que voy a salir a la calle a vender SAINT (no solamente porque sea un software propietario sino porque simplemente no entiendo nada de administración y contabilidad); respeto a los demás, así que tengo la libertad de decir “no” cuando el momento impone hacer algo que o no me gusta o no se hacer; en Venezuela existe la tradición de “tirar flechas”, decir que “se sabe algo” sin saber y luego comienzas a lanzar ideas y teclas como flechas, a ver si pegas alguna.

Por algo, por mucha necesidad que tenga, no me verán instalando servidores Windows 2008, eso se llama “convicción”, y mi abuela me enseñó que las convicciones son los cimientos de la moral  …

 

¿alguna vez se han puesto a pensar cómo sería nuestro país si cada uno hiciera bien su trabajo?

 

Acerca de phenobarbital

http://about.me/phenobarbital

Publicado el 28 abril 2014 en Blogeando!, La nota del día. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Il faut cultiver notre jardin amigo Jesús. Abrazos

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