La arepera japonesa …

Un hombre contaba con un excelente restaurant, llevado por su buen juicio en la selección de sus ingredientes y su buena sazón que lo llevaron a tener una clientela fiel por muchos años, el buen trato de los mesoneros, que llevaban años con él, le permitían tener un restaurant “de lujo”.
Llevado por los consejos de los “economistas de la crisis”, comenzó a comprar productos más baratos y de peor calidad; contrató mesoneros menos preparados pero más baratos de contratar (jóvenes sin experiencia y estudiantes en su mayoría) y redujo drásticamente la variedad de su menú de servicio, todo con la suerte de “ahorrar algo” ante la inminente debacle económica que se avecina.

La desmejora de sus productos, atención y servicio llevaron a una pérdida de clientes con una consiguiente descapitalización de su restaurant, al poco tiempo, el hombre se encontraba cerrando sus puertas, “agradeciendo” a los *expertos en crisis* que le aconsejaron tomar las medidas que lo llevaron a ahorrar dinero para prepararse ante la “irremediable” quiebra de su restaurant.

Al final, Crisis significa “cambio”, cada quien asume de manera responsable (o irresponsable) cómo lo enfrenta …

… Y en algunos casos, naciones enteras simplemente sucumben al caos …

Sushi con *sazón* venezolano

Me encontraba ayer visitando el caótico y desenfrenado Centro Comercial Sambil de Barquisimeto con mi esposa, cuándo decidimos comer sushi en una famosa cadena de comida rápida japonesa que se encuentra allí, mi esposa, que usualmente no come pescado, pide un roll de lomito y yo uno tempurizado de anguila, salmón y cangrejo donde; por cierto, el cangrejo y la anguila se fueron de paseo.

Al pagar, le digo a mi esposa “¿nos sentamos?” y esta me replica cómo si estuvieramos en un país decente y desarrollado “no mi cielo!, apenas acabamos de pagar, otra gente saldrá primero que nosotros y necesitará la mesa para comer”, dicho esto una señora que está en la cola y ni siquiera ha sido atendida pasa “volando” entre nosotros y lanza unas bolsas contra una mesa vacía y se apresta a esperar allí …

Nosotros, salimos del local y nos sentamos a esperar afuera … por un buen rato …

Extrañamente, esta cadena, que fué de las primeras que conocí con los dispositivos de llamada electrónica acá en Venezuela, ahora llaman a gritos a los clientes cómo en un terminal de pasajeros de pueblo …

… “Tucacas, Tucacas Rio Tocuyo, saliendooooo” …

Luego de mucho esperar por nuestra orden, otro señor, más molesto que mi persona, reclama un servicio que no le han servido, sale mi orden completa y por equivocación de la chica, que no suelta su apéndice blackberry, los roll de mi esposa caen en la bandeja del señor que lleva esperando como 35 minutos; este hombre, ni corto ni perezoso (y sin ninguna advertencia de la chica) da su orden por *completa* y sale como bólido del local, dejando mi orden incompleta y la chica con una cara de querer corregir la situación pero su blackberry color verde no la deja.

Mi esposa, que ya asumió su rol venezolano y se sentó a esperar en una mesa (al igual que otras 6 mesas llenas de gente que no están comiendo), me insiste en que pregunte por su roll, mientras los 9 empleados del local dan vueltas de forma caótica como aves asustadas; me toca a mí, esperar 35 minutos más para que preparen otra orden de rolles mientras se les acumulan los clientes, a un día del fin del año, cuándo la cola de personas pagando es increíble.

Nos entregan “por fin” los rolles olvidados sin un “disculpas por el retraso” ni absolutamente ninguna señal o incluso un “de nada” por mis gracias (tal vez si hubiera tenido blackberry, me envía las disculpas por pin) y procedo a ir a nuestra mesa que no ha sido limpiada de los comensales anteriores (y ya mi esposa lleva 35 minutos sentada en ella) ya que el chico de la limpieza se encuentra muy entretenido viendo el partido “Real Madrid vs Barça” …

Luego de comer unos rolles mal cortados y mal hechos y algo que debía ser “un placer” como es comer, se convierte en una odisea llena de stress, hablando con mi esposa acerca de las tantas técnicas que podrían poner en producción esta gente para mejorar sus sistemas de ventas (mi esposa sugirió, tal como las aceitunas de United Airlines, que pusieran el wasabi en una manga de cocina/pistola para que las raciones fueran medidas y pequeñas y no el vaso de café que me dieron y que obviamente, la mayor parte fue a la basura); recordamos incluso cómo en la cadena de venta de rollos de canela, que llenan de sobras vasitos que venden a 15Bs cada uno, si están quedando tantas y tantas sobras como para llenar tantos vasitos, ¿no se han dado cuenta que *algo* están haciendo mal? …

La basura fué otra “odisea”, ya que el chico se encontraba embelezado viendo el partido de fútbol, ya la basura en el contenedor se salía por la ventanilla y era toda una proeza tratar de meter la bandeja allí, como pude logré dejar la basura, pero otras personas antes que yo no lo habían logrado y había unas enormes manchas de salsa de soya mezclada con comida en el piso que llevaban rato allí y a nadie se le había ocurrido limpiar, al final, sales con los zapatos pegajosos y sin ninguna gana de volver a ese lugar …

Si vendieran “pabellón roll”, niguiri de patacón, “chicharrón roll” y shumai ebi de pepitonas y chipi-chipi, les creería el trato de “fuente de soda de carretera panamericana” qué le aplican al público en general …

En el reino de Narnia

Cual país de fantasía gobernado por animales, las cosas que suceden por estas latitudes son dignas de una saga de Hollywood; desde gente que estaciona su vehículo “donde le salga del forro de las pelotas” obstruyendo incluso la entrada principal causando una cola que afecta incluso la avenida perpendicular a la entrada; son varios los llamados del servicio del centro comercial a mover vehículos “estacionados” en cualquier parte menos en los espacios de estacionamiento demarcados, ¿por qué ocurre esto?, el nivel de impunidad y desidia le permite a la gente hacer “lo que le da la gana” sin más límite que la propia racionalidad (o irracionalidad) del sujeto …

Recuerdo una vez de vacaciones en Curaçao, un venezolano llega con su familia en un vehículo y lo estacionan frente al palacio de gobierno cerca del puente Emma; cual típico venezolano al reclamo de su esposa de “¿no vas a pagar el parquímetro?” este contestó “¿para qué?, si es rapidito vamos, tomamos la foto en el puente y regresamos!”, no había dado 10 pasos cuando un motorizado de la polícia llega al vehículo, lo revisa y sin mediar palabra pone una gran calcomanía de multa, un cepo en un caucho y se queda esperando al infractor, que luego del sermón del polícia, tuvo que dejar a su familia allí mientras lo escoltaban para que fuera a pagar la multa.

Tenemos la capacidad de exportar nuestra desidia y miseria a otros rincones del planeta, como al venezolano que arrestaron utilizando céntimos venezolanos en las máquinas expendedoras de boletos del metro de Suiza, hasta los irracionales abordajes de vuelos en el aeropuerto de Panamá, los venezolanos nos hemos acostumbrado a la “libertad libertina” de hacer lo que nos venga en gana, sin pensar en las consecuencias ni mediar en cómo afectamos a los demás …

Póliza de irresponsabilidad civil

Una de las razones por las cuales la gente hace “lo que le venga en gana” es por esta capacidad de dejar todas las cosas “sin castigo” con una impunidad desbordada y un Estado indolente, desde los turistas extranjeros en Mérida que ven estupefactos cómo los venezolanos nos *pisamos* el rayado de cruce peatonal e incluso nos comemos el rojo de los semáforos sin que exista culpable alguno hasta las peores cosas como llamar 9 veces al servicio de emergencias porque están robando y asesinando a un vecino y jamás aparezca nadie hasta muy entrada la mañana siguiente.

Hoy me enteré que mi vecina, una señora de 90 y tantos años, tuvo una intoxicación alimentaria el día de navidad, producto de un pollo horneado putrido que les vendieron en una cadena de pollo en brasas (el pollo, en palabras de su nieta, estaba “verde por dentro”), mientras la mayoría de las personas en su casa sólo sufrieron intoxicación y diarrea, la señora tuvo complicaciones como una septicemia y obstrucción intestinal que los médicos a su avanzada edad, no pudieron controlar, murió anoche como consecuencia de sus complicaciones.

¿Estamos en un país, donde alguien podría demandar a esta cadena de expendedora de pollo contaminado y salir airoso?, ¿podrían jurar por un puñado de cruces sobre la constitución de la república (ese conjunto de papeles que *sólo es un formalismo*) qué los jueces civiles no se venderían cual Judas, por unos pocos centavos a los abogados defensores de esta cadena?, ¿valdría la vida de esta anciana esos pocos centavos de la corrupción de estos jueces?.

¿Alguien ha visto una victoria de una persona (que no sea una magistrada del TSJ) en un juicio de mala práxis contra la maquinaria de abogados del Colegio de Médicos?, ¿alguien le ha ganado una Movilnet/CANTV o a cualquier empresa de servicios del Estado, demandándolo ante INDEPABIS, y de haber ganado, qué no haya sido por palanca, por un amigo en un alto cargo o porque eres primo-hermano de la fiscal general? …

Había una canción de protesta, de la época guerrillera de mi padre, que rezaba lo siguiente “… y es que la justicia no limita, sino al norte del millón, y el expediente inocente siempre queda en el cajón”; aunque se den con piedras en el pecho y pregonen revolución, el país sigue igual o peor de impune, sólo si tienes poder, dinero (o ámbos) podrás ganar un juicio, pero, ¿qué podemos hacer?, si esto es culpa de absolutamente todos los venezolanos …

¿1984 ó 1989?

¿Alguien podría explicar las razones morales e históricas por las cuales hemos caído en una especie de desidia y barbarismo digna de una nación distópica orwelliana?, la nación ya no es nación, es un conjunto de bárbaros normandos mezclados con caníbales caribes que solo piensa en su beneficio a toda costa (la república del “Sálvese quien pueda”) y que hacen lo que sea, a costa de lo que sea …

Hace unos días atrás el director de Corpoelec le echa la culpa de los apagones a los “globos del deseo”, son la “nueva iguana” de las excusas, independiente de que sean los culpables o no; es extraño que  una tradición “completamete ajena a nosotros”  se haga tan popular como para ser vendida en todos lados, aunque un funcionario público la haya prohibido (igual que los pirotécnicos, todos los años los prohíben, y todos los años se venden más).

Al igual que las sandalias Crocs, los sweaters “Aeropostale” y las infinitas tiendas de carcazas para blackberry, los “globos del deseo” son “la nueva atracción consumista” de los venezolanos, que compran cualquier cosa y asumen cualquier *tradición* (como Halloween, cena de acción de gracias ó el clásico del Barça-Real Madrid) tal como lo hacían los bárbaros romanos, qué en cada ciudad, le rezaban al Dios de la zona.

Cual novela de Orwell, las leyes “no son leyes”, menos si formas parte del círculo del gran hermano ó del partido exterior, la constitución de la república es un “formalismo leguleyo” aunque haya sido aprobada por el constituyente en voto por más del 80% de la población (mucho más que cualquier victoria del “gran hermano”); la gente hace “lo que le da la gana” con el poder (no importa tu nivel sociopolítico, siempre tendrás el deseo de sentir el poder de hacer algo y no ser castigado, de sentirte impune) muy a pesar de qué haya leyes que lo prohíben; desde el más mínimo acto, poner todas tus maletas y hasta agarrarte el puesto que no te toca en el avión, robarte la comida de un buffet porque preferiste gastar tus dólares en comprar cosas en el “Duty Free” que pagar comida decente en el hotel; hacerte “amigo” del que está a tu lado en inmigración para que “te pase” esas botellas de Whisky porque compraste más que las permitidas, usar autobuses de la universidad para llevar gente a un mítin político, hasta aprovechar tu “rango militar” (como hizo un conocido) para llevarte soldados del cuartel a tu casa para que te pinten y te hagan jardinería; Venezuela se ha convertido en una “gran arepera” donde la gente hace lo que le da la gana, ensucia lo que le da la gana y trata a los demás cómo restaurant de carretera …

Después, andan preguntándose, por qué nos va tan mal en esta crisis …

… ¡apurate!, ¡pásame el picantico, mijo! …

Acerca de phenobarbital

http://about.me/phenobarbital

Publicado el 31 diciembre 2012 en Blogeando!, contraloría social, La nota del día, La soda y la pastilla. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Simplemente: Cuanta Razón, si es que sobrevivo a este 31 de Diciembre, ya que para “no quedar mal” con la familia me toca bajar a una zona extremadamente Peligrosa, pues como dicen por ahí, Hay que irse demasiado.

  2. Muy de acuerdo hermano, y vamos para peor, donde un padre excusa sus deudas detrás de su hijo, el malandrito, que amenaza a sus cobradores con una pistola, y todo el barrio lo sabe y no hace absolutamente nada. La mayor parte de las injusticias de este país suceden por miedo, miedo fundado en la impunidad de este “sistema”, de esta “revolución”. Ciertamente en este país vivimos en revolución, pero la revolución era para llevarnos más rápido a la pobreza mental total del pueblo venezolano.

    Saludos,

  3. Hola muy acertado tu articulo …. venezuela es una arepera y los “empresarios “, tratan a las empresas como bodegas buscando lo mas barato sin pensar q les conviene con relacion /precio/costo/inversion y pare de contar…

  4. ¡Cuánto nos parecemos! yo también salgo con mi esposa, observo las cosas y mi capacidad de asombro nunca queda insatisfecha.

    Las cosas están hechas para que no funcionen, definitivamente.

    Tu preguntas por las “razones morales e históricas”, te puedo recomendar un libro corto pero sustancioso que considero debería ser de lectura obligatoria en, por lo menos, bachillerato. Es “el laberinto de los tres minotauros”, no estoy por completo de acuerdo con su desarrollo, y creo que hilando fino en lugar de tres minotauros podemos encontrar muchos más seres mitológicos por reencontrarse, algunos en un afán persistente, otros adormilados.

    En Venezuela se habla de socialismo, pero en el fondo apenas hay un intento de profundizar el proyecto de la modernidad, de la ilustración, llevar más igualdad, libertad y fraternidad, nada nuevo viene desde la revolución francesa. En Venezuela no tenemos al pueblo haciéndose propietario de los medios de producción, y menos aún al Estado proveyendo elementos para que esto ocurra, tampoco las empresas del Estado se están horizontalizándose, hay jerarquía, muchos caciques y pocos indios, en PDVSA, en EDELCA, etc. Se llenan la boca con el socialismo, pero nada más lejano en esos lugares.

    En Venezuela se habla de socialismo, el cual es un tema por encima de todo de política económica, desde una verborrea de buenas intenciones, de rememoranza histórica. Y yo considero muy bueno si, que se hable de la historia y ganemos en identidad, sin la cual es casi imposible construir nada, pero si esto no es tangible y concreto, no tiene sentido.

    Y es que el pensamiento debe profundizarse, porque el dinero de un empresario privado que gana de más por especulación, por explotación de sus empleados, por aprovecharse de las debilidades del sistema, por la manipulación de las masas a través de los medios, ese dinero no es privado, ese dinero es de la gente que genera esa riqueza, y no se trata de acabar con la propiedad privada, la cual considero fundamental, sino de reconcebirla, de redimensionarla. Hay cosas que incluso se consideran actualmente públicas que deben ser privadas.

    Creo firmemente que en Venezuela las cosas pueden cambiar muy rápido, pero hace falta una combinación, casi esotérica, cabalística, un conjunción de astros, entre –visión– y –capacidad– de decisión. Y esto debe abarcar tanto los planos colectivos como los individuales, he escuchado muchas veces que “no hay que esperar que un caudillo o el gobierno resuelva nuestros problemas sino que el cambio está en cada uno de nosotros”, pero es que no se trata del gobierno como un ente separado del nosotros, ni nosotros separados en un “cada uno”, se trata de todos-todos, incluido el gobierno, organizados y cohesionados, y eso es lo que se busca, ni más ni menos, con la construcción del Estado Comunal.

    Todos nos quejamos de la impunidad, ¡y con razón!, pero hacer cumplir las normas no puede convertir todo en un campo de batalla, hablando de razones históricas es bueno pensar cuanta sangre tuvo que correr para que aceptemos sumisos la multa que una persona uniformada nos viene a poner. Hablando de tráfico, en Venezuela el fenómeno es muy sencillo, la cultura del matraqueo, un funcionario utiliza su estatus para negociar con el hecho que es mejor que le pagues a él una pequeña cantidad que le pagues al Estado la suma correspondiente a la multa. Es muy fácil acabar con eso, pero los entes gubernamentales se deben ABRIR, todo funcionario público y sus familiares deberían tener una revisión exhaustiva de sus gastos, ¿cómo es que una persona con un salario X vive en una casa Y o tiene un automóvil Z?, y todo ciudadano debería poder verificar quién le pone una multa, y aún siendo matraqueado poder denunciar la situación, y entre todos entender que -a todos nos conviene- que las cosas se hagan bien, y el Estado debe utilizar sus medios para promover estas prácticas.

    Pero por encima de todas las cosas, ¿qué esperabas si vas a un Sambil?, empieza por dejar de ir a esos lugares y utilizar sus servicios hasta lo mínimo indispensable.

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