Animo – Entendiendo de donde venimos

Me levanté como cualquier otro día bajo las rutinas habituales; sin embargo, todo fue cortado drásticamente cuando una llamada le informa a mi madre que su único hermano (mi tio Olmedo) está en un coma diabético; mi madre escucha calmada y serena la noticia; llora un poco, emite una frase en un tono de voz muy bajo “eso no es vida”, enjuga sus lágrimas y se levanta a realizar sus mismas actividades de todos los días; pero esta vez, con otro ánimo.
Decide ir al lavatorio atrás a lavar unas ollas, acomodar unas cosas, prepara unos jugos en la cocina, hace el almuerzo; unos minutos más tarde me llama “Tu café!”, y aunque la escena es exactamente igual a la de cualquier otro día, ambos sentimos que no es igual, hay algo distinto flotando en la casa, otro sentimiento, otro ánimo.
Todos caminan de acá para allá, como zombies, caras largas, no hay habla, no hay chistes sobre el nestea o sobre lo mal que hablan los periodistas en TV, solo ciertos comentarios y cosas sencillas por cada cosa que hacemos o miramos en la TV; para seguir fingiendo que estamos en la misma rutina diaria, en el mismo día a día, aunque con otro ánimo.
Mi madre sale un rato para casa de su comadre (mi madrina Eloísa), tal vez puede desahogarse mejor donde su amiga de toda la vida, más que en su propia casa, que parece estar suspendida en un limbo de tiempo y espacio como si no hubiera pasado nada; salvo estar de distinto ánimo.
He vivido y convivido con mucha gente a través de los años; distintas formas de ser, distintas culturas; a veces duran años sin hablarse y solo las adversidades los acercan, nosotros siempre seremos al revés, tratamos de estar unidos el 90% del tiempo, disfrutamos de las alegrías y gozamos de las victorias y estamos a su lado en las viscisitudes de los demás, las adversidades y tristezas nos las guardamos para evitar el sufrimiento de los demás; ¿para qué tirar la culpa sobre los demás?, los demás se llaman en períodos de problemas e incertidumbre, nosotros nos callamos y escondemos el mal ánimo.
La gente me llama; solo espero preguntas de trabajo, cualquier cosa que me aleje de mi momento de ignorancia a la situación es evadido rápidamente con un “estoy bien” y más nada; nunca nos ha interesado hablar con nadie de nuestros problemas, salvo con los más conocidos o quienes merezcan saberlo; todos los días pasan personas que reciben nuestro apoyo y nuestra ayuda, pero pocos apoyan cuando es uno quien necesita la ayuda; así que obviamente aprendimos (quien sabe, tal vez de mala manera) que las hipocresías sobre “estoy contigo”, “lloraré a tu lado”, “ven que te presto mi hombro” son inútiles y no las necesitamos; sobre todo cuando entre nosotros mismos no tenemos la necesidad de expresar nuestro cambio de ánimo.
La tristeza por ende siempre será un elemento extraño en nuestra casa; siempre logramos sobrellevarlo, pero realmente nunca lo expresamos; en mi familia somos realmente malos para expresar nuestra tristeza, es una sensación extraña, nadie se mira, caras largas, respuestas directas, todos están esperando algo, que las cosas mejoren o finalicen, para liberarse de la carga y volver a su antiguo ánimo.
La gente me llama para más trabajo, todos están en la calle; almorzando o haciendo actividades, tienen sus vidas, hacen sus cosas, esperan acostumbrados a que yo si haga las cosas, aunque tenga muchas más por hacer; porque mi inexpresión es sinónimo de que no tengo vida; ende, tengo tiempo libre para hacer las cosas que los demás no pueden por tener una vida que realizar; pero en fin, ya estoy acostumbrado, la gente nunca aprenderá a lidiar con mi ánimo.
Aunque parecieran seres despegados e individualistas; mi familia está unida, ya que ha confirmado que todos tienen el mismo comportamiento, la misma forma de ser, nos aislamos en nuestros terribles sentimientos para no herir ni inmiscuir a nadie más, lo bueno lo compartimos, lo malo lo escondemos y sacrificamos, siempre tratamos; muy a pesar de estar destruidos por dentro, de mantener al público el mismo ánimo.
A veces la gente no comprende el por qué nunca dejamos de hacer nuestras actividades, de estar siempre inmiscuidos en el trabajo, de trabajar mientras los demás solo desean tener lo contrario, ir a la playa, disfrutar con amigos, ir a fiestas, beber, tener un salario básico y horas libres de sobra para tener una vida; nuestras actividades son la via de escape a nuestros problemas, por eso trabajo hasta las dos de la mañana o más, domingos, feriados, rara vez salgo con amigos y cuando lo intento, llego temprano para seguir trabajando, puedo reir y contar anécdotas de mi vida, como los alemanes perdieron la guerra en el 45, hacer reir a los demás o como preparar brownies con helado; para luego volver a mi casa para seguir llorando por dentro; a veces nadie merece nuestras lágrimas pero a veces tampoco merecemos la lástima de los demás; nadie entiende la volatilidad de nuestro ánimo.
Seguiré mi camino, con las 18 actividades que debo terminar esta semana, más actividades de los demás que por llevar su vida debo terminar yo; me es indiferente; igual las haré, ya rayos no importa mi estado de ánimo.

Acerca de phenobarbital

http://about.me/phenobarbital

Publicado el 15 abril 2009 en Blogeando!, La soda y la pastilla. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Bueno a veces me cuentas tus cosas, y sabes que no te digo esas palabras cursis pero te escucho y sin decirte nada creo ayudarte un poco.

  2. Nada como una sobremesa, y hablar parejo de historia o escucharte mejor dicho….

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